viernes, 1 de noviembre de 2013

Te pienso por la noche, te sueño durante el día.

Y es que cada noche me robas el sueño, sigo esperando una llamada, un mensaje, cualquier forma de comunicación que me permita saber de ti, y cuando me doy cuenta que no llegará, pienso en el porqué de las cosas, como es que todo acabo tan de repente? O quizá no fue así, solo que yo no me di cuenta antes.
En el día imagino que tal vez, pronto tendré noticias tuyas, que también me extrañas y que al igual que yo, de cuando en cuando revisas el teléfono esperando una noticia mía.
Aunque siempre he disfrutado mi trabajo, ahora me aferro a el, tener tiempo libre es lo más difícil, tengo que ocupar mi mente para no pensar en ti, porque si lo hago llega la nostalgia y la tristeza. Hay días buenos y hay días malos, pero no hay día en el que no estés tú.
Hoy estuve recordando fragmentos de dos de mis películas favoritas y poco me faltó para llorar porque aunque no son como nuestra historia (si es que hubo alguna), si reflejan mucho de lo que se dió entre nosotros.
La primera de ellas, es la historia entre dos personas de distintas edades y lugares, muy diferentes pero con algo en común y que a pesar de la distancia lograron conectar y conocerse profundamente y hacer que esa amistad perdurara en el tiempo y quererse y aceptarse cada uno en sus peculiaridades.
La otra, cuenta la historia del amor y desamor entre dos personas que nadie podría creer que estarían juntas. La emoción del enamoramiento y lo irritante de lidiar con las manías y las cosas que nos desesperan del otro hasta llegar al punto de que es imposible seguir... Que fácil sería si tuvieramos un interruptor o fueramos un aparato electrónico y nos pudieramos reiniciar, olvidar lo que es el dolor y la pérdida, seguir adelante como si nunca hubiera ocurrido... Pero en realidad sería fácil o existen amores tan grandes que se niegan a desaparecer? Recuerdos tan valiosos que aunque duelan le dan sentido a nuestra vida y se alojan en lo profundo de nuestro subconsciente.
Yo se que aunque ahora duela, no te quiero olvidar, porque también te recuerdo con alegría y ternura y tarde o temprano dejaras de doler y las risas e historias compartidas son momentos que me llenaron de dicha y que vale la pena conservar.

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