Esta semana he estado como suspendida en el tiempo, sin poder salir, sin poder hablar y sin poder hacer nada mas que tratar de descansar para recuperarme.
Esto de estar aislada de mundo no es tan sencillo como parece... Sí, es agradable dormir sin preocuparte por el despertador, pero también es complicado esto de estar a solas tanto tiempo con tus pensamientos.
Primero, para una persona tan perfeccionista y controladora como yo, el no saber que pasa en el trabajo me provoca un poco de ansiedad, aunque lo veo como una manera de soltar ese control y recordarme que nadie es indispensable, ni siquiera yo!
En segundo lugar, el tiempo libre significa que mi mente tiene mas oportunidad de recordarte y eso no es lo mejor, porque entre mas te pienso, mas ganas me dan de buscarte y me prometí que por mucho que lo desee no lo voy a hacer.
Recuerdo los planes que habíamos hecho, la ilusión con que te esperé, todos los preparativos, la emoción con que contaba los días, el gusto con que escogí tu regalo y la ropa que compré especialmente para esa semana, la semana que iba a ser la más feliz de mi vida...
Tenía miedo y nervios, esa sensación que te da maripositas en el estómago pero que a la vez te pone una sonrisa tonta que dura todo el día.
La noche anterior a tu llegada no dormí, no sabía como reaccionar al verte, me puse tan nerviosa que me paso lo mismo que cuando te conocí, enmudecí y se me congeló el cerebro, olvidé como se comporta una mujer inteligente y parecía una adolescente encandilada.
Lo mas bonito de ese día fue el rato que estuvimos solos, fueron unos minutos en que platicamos y nos abrazamos, pero tocarte para mi fue algo precioso, eras real y estabas a mi lado, al fin podía ver tus ojos, esos ojos que me enamoraron.
Verte cansado me dio ternura, me hubiera gustado acompañarte esa noche pero confiaba en que habría más días.
Si hubiera sabido que era mi última oportunidad, que al día siguiente todo cambiaría, que estarías tan distante...
Luego el día de tu cumpleaños, el que debió ser el mejor día, aquel en que yo te consentiría, resultó ser un día en que la pase llorando y sin dormir, después tener que verte y fingir que no sucedió nada. Si supieras que darme cuenta de que no me querías me rompió el corazón, que con los ojos hinchados te lleve tu regalo aún de madrugada por no tener el valor de dártelo en persona y por miedo a arrepentirme en el último momento.
Todas mis ilusiones se acabaron ese día, cuando tu frialdad y desapego fueron mas que evidentes. Debo recordar que tu siempre me lo advertiste, no eres de los que se enamoran y yo no debía enamorarme de ti.
La despedida fue lo peor, no poder abrazarte y besarte como quería, despedirme con un simple "buen viaje" y un abrazo de extraños.
Al dejarte me derrumbe, no podía parar de llorar y de extrañarte a pesar de que estabas a solo unos metros de distancia. Era un llanto de dolor por lo perdido, por lo que nunca fue. El llanto de quien se topa con la casualidad más bella de su vida y ve como se le esfuma entre los dedos sin poderle retener.
Ya no te lo puedo decir, pero sigue siendo verdad, mi "discurso" siempre fue verdad, en algún lugar del mundo tienes a alguien que te quiere y a quien le importas, que te admira y te respeta y que se alegra y enorgullece de tus éxitos y que cada día te piensa y le pide a Dios por ti.
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