Hoy fue un día de locos, como suelen ser generalmente los fines de semana.
Correr de un lado a otro, resolver imprevistos, en fin, estuve suficientemente ocupada como para no tener tiempo de pensar en ti, pero no, mi cerebro se niega a que desaparezcas y desde que amaneció he estado recordandote y con un nudo en la garganta aunque a estas alturas creo que ya se me olvidó como llorar.
Al contrario, conforme iban sucediendo las cosas mas disparatadas, pensaba en lo divertido que sería compartirlas contigo como antes, cuando te platicaba y nos reíamos.
También recordé como te burlabas de mi perfeccionismo y de lo mucho que aprendí de ti, el orgullo que sentía cuando me contabas lo bien que te había ido el día y lo felíz que me hacía saber que valorabas mi opinión.
Las noches son lo más difícil, terminar el día compartiendo detalles contigo, esperando escucharte decír que me quieres y saber que ya no es así. Hacerme a la idea de que ya no me darás las buenas noches ni los buenos días, ni me dirás que maneje con cuidado y mucho menos me preguntarás si llegué con bien a casa.
El no saber de ti dentro de todo es una buena noticia porque significa que estás bien, se que ahora estás dedicado a un proyecto muy importante en el que concentras todas tus energías y tu tiempo y por esa dedicación y esfuerzo que le pones estoy segura que será un éxito y que como hace tiempo te dije, vas a ser alguien muy importante y desde la posición en la que estés se que harás muchas cosas buenas por los demás y yo desde lo lejos seguiré estando muy orgullosa de tí.
Te quiero mi niño.
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